domingo, 21 de noviembre de 2010

El olor de la esperanza

La vida en la cárcel no es facíl. Por tanto, si hay que invertir en esfuerzos es para lograr que la experiencia de reclusión sirva para la posterior reinserción de la persona, porque la reiserción es posible. Para ello hay que romper muchos tabúes, empezando por valorar a los profesionales que trabajan el las prisiones entre los que cabe destacar a los educadores sociales, los cuales ya han superado la época franquista. Si queremos mejorar la sociedad no podemos olvidar las cárceles. Aunque pueda parecer utópico, estoy segura que la esperanza también tiene olor y este es el mejor antídoto contra el miedo y el fracaso de los privados de la libertad.

1 comentario:

  1. Sin duda, la vida en la cárcel no la quiere nadie, aunque una gran parte de la sociedad piensa que los que están en la cárcel viven a cuerpo de rey. El hecho de perder la libertad ya algo que no puede sustiuirse por nada, máxime cuando entras en un ambiente sórdido en donde hay que tener una importante fuerza mental para no caer en trampas y salir peor de lo que se entra en un sitio de esos. Hay que generar esperanza y ayudae para que el paso por un centro penitenciario sea un episodio triste, pero no más en la vida del individuo, y la ayuda de los educadores sociales en ese ámbito es esencial.

    Miguel Nogués

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